EMIGRANDO A UNA GRAN CIUDAD

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“Los caminos del Señor son inescrutables” ya lo decía Don Antonio, el párroco de la iglesia cuando yo era pequeño,  el caso era que no sabía el significado de inescrutable y me daba un poco igual. Inescrutable viene a ser “que no se sabe”, incierto, dudoso…  Y así ha sido: estudias, te preparas y acabas teniendo que buscar una inmobiliaria en Barcelona.

Lo cierto es que la gran ciudad está bien, sobre todo si vienes de una ciudad pequeña que nada tiene que ver con la ciudad donde vives ahora o incluso de otro país. Hay metro, nuevos bares, tradiciones, incluso la gente es bastante distinta. Pero el problema es establecerte, nunca sabes si lo estás haciendo bien o mal. Hay veces que te cambias de ciudad y tienes un compañero de promoción o un excompañero de trabajo que te puede indicar cuál es mejor o peor barrio, dónde es más barato, dónde es más caro, pero no siempre hay esa suerte.

LA ETERNA BÚSQUEDA DEL PISO PERFECTO.

El síndrome del nido vacío es la ausencia que sienten los padres cuando sus hijos han decidido independizarse y se quedan solos en casa, es muy triste sí, pero no es nada en comparación con el sufrimiento que muchas veces provoca buscar piso en una gran ciudad y las ganas que acabas teniendo de desertar y huir de vuelta a casa. Algo que debería ser fácil se acaba convirtiendo en una Odisea Homérica en la que sólo el más hábil se lleva el mejor piso…compartido.

Habitaciones pequeñas, sin ventanas en las que entra la cama y poco más, ¡esto no me lo contaron en la carrera!, Y caseros empeñados en demostrarte que es una auténtica ganga, que se lo están quitando de las manos y que si rechazas esta oportunidad podrías acabar en un sitio peor.

Muchos de estos sufrimientos se pueden ahorrar mirando en inmobiliarias, ya que están compuestas por profesionales del sector, que conocen la zona  y te pueden orientar en lo que estás buscando. Está claro que una inmobiliaria no puede conocer el 100% de la oferta de la ciudad, pero es una buena opción para encontrar un piso que cubra tus necesidades durante al menos unos meses.

Tras varios meses en la ciudad ya conoces bien los barrios, el metro, los bares y las tradiciones, te adaptas y, por supuesto, te conviertes en uno más. Amén, Don Antonio .

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